Cuéntale tu soledad

Mientras al cielo mirabas,
a tierra tus lágrimas caían.

Llevas tu pesar a remolque,
tras una postrera estocada.

Cual veleta tu vida al viento,
viró el curso de tu suerte.

Se abren por esos diafanos senderos,
los desconocidos medanos de tu alma,
entre aquellos troncos eternos,
que espigan sus ramas al cielo.

Mas ya nada podrá devolverte,
el placer de la hierba verde.

Embébete del glauco que te rodea,
donde solo el viento oye tus palabras,
y el silencio envuelve tu aliento,
¡habla con el aire!
cuéntale tu soledad.

A mi abuelita

Y porque no hay edad para la ternura.

Entre esas calles solitarias,
detrás de ese antiguo portón,
y su florido jardín de hortensias,
vivía mi abuelita.

Mi visita emocionaba su mirada,
a esa hora de la tarde,
en que el día se agosta,
y se lleva a esconder la luz,
allá lejos donde se pierde la mirada.


Con qué cariño me ofrecía un tecito.
Sentada a mi lado en la mesa,
iba yo enhebrando pensamientos,
parloteando sobre mis sueños de futuro,
que ella recogía y guardaba
en su recámara de tesoros.

Todavía llevo en mi paladar,
el dulce sabor de su té,
que con tanto mimo preparaba,
en su añosa tetera.

Mi sola presencia alegraba,
sus horas aturdidas de la tarde.

Tenía la pequeñez de una muñeca,
y destellos de bondad,

en su mirada.
Trasunto fiel de un ángel,
que los años le dieron,

sus alas de santa.

Dios mío, ¿cómo ha pasado el tiempo desde entonces?
no sabría precisarlo,
me falla la memoria,
porque al recordarla,

siento que nunca se ha ido,
que siempre ha estado conmigo.

Seguramente son sus alas,
las que todavía me abrigan,
cuando mi alma se enfría.








Inolvidable

Aliviada estoy de la inexistencia del retorno,
no tendré así que imaginar una vida sin ti.

Inevitable es amarte hasta en el recuerdo.

Tu y yo,
parece no tan lejano, 
compartiendo los colores de esa buena vida que tuvimos:
el amarillo de las tardes,
y en el fondo, ese azul lejano,
mientras el viento nos abrazaba,
sin querer dejarnos partir.

Era nuestro destino,
el del Roble y del Tilo,
compartiendo un mismo tronco,
eternamente, inseparables.

 

 

Sin retorno

¿Cuántos de nosotros reconocemos hallarnos en un punto de no retorno? 

Ërase una vez en que vivíamos la efervescencia de los primeros días, cuando lentamente, de manera imperceptible, fueron cayendo uno a uno nuestros mejores años en la profunda oscuridad del ayer.

¿Y cómo sucedió, que el paso inexorable del tiempo nos arrebató nuestra preciosa juventud?  Ocurrió tan solapadamente que ni siquiera fuimos conscientes de lo que estábamos perdiendo tras años de soplar  velas.

Nos sorprendimos el día que se nos cayó la venda de nuestros jóvenes ojos, y nos vimos cada vez más cerca del final del camino.  Cuando las luces de la fiesta se empezaron a apagar y nunca más volveríamos a ser los mismos.

Y ese poema maravilloso, de Dylan Thomas: 

No entres dócilmente en esa buena noche,
Que al final del día debería la vejez arder y delirar;
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

Cuando se acaba el día, 
enfúrecete, enfúrecete,
contra la luz que se esconde.

Una mujer interesante

Confieso que todo ese largo viaje a través de los años por la aventura del saber, que en su día iniciara esta loca ansiosa por vivir de prisa, ha hecho de mi la mujer que soy.

Ni aún habiendo hecho tan larga andadura, puedo considerarme al cabo de la calle, ni muchísimo menos presumir de estar de vuelta de todo. Mientras siga caminando por la vida,  jamás se saciará mi insaciable esponjita del saber.

Desde muy joven me impresionó el halagüeño cumplido: “¡mira que mujer más  interesante aquella!”, y no se por qué, sigue siendo hasta hoy mi leitmotiv.

Como anécdota simpática, leí en alguna parte un comentario hecho por el escritor Pablo Huneeus, que decía: – que de tanto buscar en su vida a una mujer interesante solo había encontrado a mujeres complicadas.-  Y pensé, que siempre mejor complicada que simple.

Y a propósito de gente interesante, se conoce que Kavafis decía  que las personas interesantes tienen ese don de ver exactamente lo mismo que vemos todos, pero con una leve inclinación de apenas dos grados.

Entrevista de trabajo con 40º

Recuerdo ese día como si fuera hoy: vaporosamente vestida con mi última adquisición Ibicenca, de amplio faldón, blusón sin hombros y unas hermosas sandalias romanas.

Tenía una entrevista con Mr.Stavropoulos, a las 4 de la tarde, en Pireous, en las oficinas de la naviera griega Epirotiki Lines, de cruceros de lujo. Se buscaba para la vacante de shop manager de la Boutique duty free abordo, una chica con buena presentación y buen nivel de idiomas.

Previendo los 40º grados que me esperaban no más salir del hotel, me alisté con una ducha de último minuto, más una mágica aplicación d’eau de perfum, y salí en busca de ese trabajo en el escenario perfecto, en el horario imperfecto.

Como no podía permitirme el lujo de coger un taxi, debí ingeniármelas para llegar hasta allí en autobus. Tarea nada fácil cuando los carteles y todos los nombres de las calles, están escritos en griego. Y como preguntando se llega a Roma, al menos consiguí tomar el autobus correcto.

Mas por atolondrada, me bajé dos paradas antes de la mía. Así es que me hice, 3 o 4 calles más a pié, para llegar justo como quise evitarlo, luciendo como un corredor de maratón llegando a la meta. Aunque gratamente acompañada por ese majestuoso mar mediterraneo.

Como ya se sabe, las cosas jamás salen como se las ha planeado, por lo tanto, mi idea de llegar 30 minutos antes de la entrevista, para acicalarme un poco antes de entrar a mi cita, no sucedió. No más pasar la puerta y hallarme en la recepción, veo que se me acerca y se me presenta, con sonrisa incluida, el mismísimo Mr. Stavropoulos.

Fue tan sorpresivo topármelo así, sin mas, que apenas me hizo la primera pregunta, me descolocó:

  • Nice to meet you Roxane. Tell me something, ¿what a chilean girl is doing in Greece?

Aún más descolocada, solo atiné a decir:

– Well, i`m here for love.

Me miró algo extrañado y agregó: - Oh, I see, so you are in love with a greek. –

Y para arreglarlo mejor, le digo:

Oh, no. I’m in love with a Swiss.

Todavía recuerdo su mirada ojiplática. Ni siquiera puedo imaginar que pasó por su cabeza en esos momentos.

Continuará…

Galanteo retro

Que bonito recuerdo,
cuando briosa paseabas por la Alameda,
cazando suspiros a tu paso,
mujer de rompe y rasga.

Esos requiebros,
con gracia y salero,
tras la estela perfumada,
que tu caminar dejaba.

Que los tiempos han cambiado,
es para todos una obviedad,
pero es una pena que un bonito piropo.
al paso de una dama bien plantá.
sea hoy considerado,
un exabrupto de testosterona.

Siempre nos quedará la mirada…

Sueños compartidos

Tal vez será,
en un tiempo lejano,
que ni siquiera imagino,
amando a alguien más que a ti.

Me pregunto:
¿cómo es posible,
que un pequeño corazón,
pueda llegar a amar tanto?

Siempre nos acostábamos,
con falsas ilusiones,
de dormirnos enseguida,
pero era frecuente,
que la noche trajera,
el azaroso trajín del día.

Recostados,
el uno al lado del otro,
nuestros pensamientos entrelazados,
haciendo planes en la oscuridad,
y ni falta que nos hacía contar ovejas.

Ese nido nuestro, la cama,
mullida parcela para el amor.
¡Cómo olvidar!, nuestras voces en la penumbra,
desvelados y excitados,
al sueño espantábamos.

Casi siempre,
y sin darnos ni cuenta,
llegaba
el cansancio infinito,
a dormir nuestras almas en sueños aparte.

Adiós a esos años de cama y sueños compartidos.

Ayer fui

Ayer no más fui,
lo que ya no soy.

Ayer era y fui, hermosa.
Ayer era y fui, una promesa
Ayer solo fui, un sueño.

De mi se aventará el aliento,
de mi se irán mis pensamientos,
sin voz dejaré mi alma,
borrado el rastro de mi mirada,
solo esta larga hilera de letras,
pervivirán.

Porque dos veces morimos,
agonico es el estrago final.

Envejeciendo en la penumbra,
llega el primer zarpazo.
y en una fosca noche,
la postrera estocada.

Arribaré sin vida y sin nombre,
envuelta en nubes de muselina,
arrullada por el susurro,
del amante eterno.


Ese sol indiferente

La noche de tu partida,
las nubes raudas se
abrían,
a luz de la luna que nacía,

mientras quieto el mundo dormía.

Al despertar la mañana,
aunque ajeno el horizonte,
del ausente arco iris,
un sol radiante brillaba.

Desveladas noches sin ti,
entre ruidos errantes,
y negras siluetas de ramas,
desdibujadas sobre el muro.

¿Dónde estás ahora amor mío?
¿Duermes entre las estrellas?
¿Es el inmenso amor nuestro que te cubre por las noches?

Mas ahora que te has ido,  
entiendo la indiferencia del sol que nace cada dia,
y es que no sabe lo que es morir.

 

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