Des-varios

Rueda la nostalgia en lágrimas
hacia mi pecho,
quejumbroso aún por tu partida.


Ese dolor mío arrodillado ante la razón,

incrustado en el alma,
permanece estoico desde tu adiós.


Como la seda suavemente las horas
fueron deslizándose a través de tu postrera vida,

toda una vida primorosamente hilada
por laboriosas orugas de moreras.


Vino la muerte a envolverte,
como caricia de terciopelo,
amortajó tu cuerpo su velluda tela,

de hilos maravillosamente emparejados.

Mis ojos pasean
por esa vida que juntos tuvimos,
y de lejos los hados me preguntan:
¿dónde esta tu compañero?
¿por qué no viene contigo?
Y yo les contesto:
Él ya no esta, hace mil noches
dejó de ver la luz de la mañana.

El miedo a olvidarte me embarga,
me embarga el miedo a perderte
a perderte de mi memoria.

Tu viaje al más allá me ha enseñado,
que el «nunca más» existe.

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