Luctuoso

Cerré mis ojos y tu morías,
abrí mis ojos y ya no vivías.


El tiempo y tu corazón se detenían,
y la lividez de la muerte te poseía.

Tus manos tibias,
todavía estaban.

Tus brazos sin vida,
lacios yacían
.

Una tenue luz nacía,
débil tu lamparita de noche,
con suaves parpadeos,
nos despedía.


Todavía en el aire,
tu alma volatil
me hacia temblar,
y a mis lágrimas rodar.

Coji tus ropas para vestirte,
llegando hasta mi tu perfume.

Estampé mis besos,
sobre aquellas telas,

que tu cuerpo cubrían.

A ese más allá adonde ibas,
descalzo te irías,
tus pies desnudos,
otros universos andarían.

Quise peinar tus cabellos,
cual peine deslicé mis dedos
.

Te miré y te miré,
y en mi memoria guardé,

aquella umbrosa imagen tuya.

Negados mis ojos,
a creer en tu adiós.

De riguroso negro,
llegaron esos hombres,
ceremoniosamente,
te pusieron en la caja

y solo entonces supe,
que nunca más,
nunca, nunca más,
en esta vida,

volveria a verte.

Te habías ido para siempre.

Ese día,
en aquella caja,
se fue mi hombre.

Uno de esos pocos hombres,
nacidos para no morir.

Se bajó el telón de tu vida,
¿y ahora qué hay detrás de esos párpados?
¿qué otras almas salieron a tu encuentro?
¿qué nuevos mundos te fuiste habitar?

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