Alea iacta est

Frente al mar y al margen del mundo y del tiempo, navegaba sumergida su mirada  en mares de recuerdos.

Olvidando su hoy, olvidando su ahora, rememorando caminos de gloria, evocando fogosas pasiones.  Magulladuras del alma, querencias de tierras lontanas, duelos languidecidos por el tiempo.  Y a saber, cuánta, cuánta vida más se escondía tras esa mirada.

Se estaría preguntando: ¿qué tan lejos habría ido, si tan solo sus sueños se hubiesen cumplido? ¿Qué tan lejos la habrían llevado?  ¿Qué habría sido de su vida si ese gran amor hubiera sido verdad? ¿Dónde estaría ahora, si la mitad de sus deseos se hubiesen cumplido?

Mas, la desilusion en su mirada parecía decir que tanto daba aquello que ansiosos buscáramos por aquí y por allá, si desde el mismo principio, el destino estuviese ya escrito.  ¿Acaso se podría escapar de él?

A través de esa mirada que sumergida navegaba entre mares de recuerdos, se adivinaba la respuesta, -no-, no era posible torcerle la mano al destino.  Demasiado alto era el precio a pagar. 

Alea iacta est, ya lo dijo uno de los grandes de la historia lanzándose a los brazos del destino. 

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