Mi Escorial

Recorrí sus calles
arriba y abajo,
empedrado milenario,
a las faldas sacras
de tu regio monasterio.

Murmullo lontano
de oraciones y ruegos,
de rodillas suplicantes,
entre tus muros duermen.

La brisa temprana
viene de tus bosques,
brindando buenos días,
a los amantes del caminar la vida.

Fueron buenos tiempos aquellos
que por tus calles anduve.
Esos que mis ojos contemplaron

ávidos de esperanza en el porvenir.
Aquellos días cargados de ilusión
en la vida que entonces,
esperaba vivir.

Cada vez que silencio y retiro
clamaba por dentro
,
hacia el dédalo encantado
de la Casita del Príncipe,
mis pasos se encaminaron.
Fueron tus añosos cedros,

mudo testigo de mis pensamientos,
que flotaban entre sueños de grandeza.

Mas hoy,
solo restos del pasado encontraría,
la obsolescencia de las cosas inertes,
cada piedra de esas calles,
cada recoveco de sus jardines,
que en su día pisé,
lo que entonces provocaba mi sonrisa
hoy, provocaría mi llanto.




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