En sus manos

Porque es la edad del atardecer,
duelen las risas del pasado.
Y porque la piel no olvida,
la tersa caricia del amante.
Los labios se agrietan,
desiertos de besos.

En el vacío regazo,
brazos jubilados,
que abrazan ausencias.

Y entre las manos se oprime,
el adiós que se resiste.

Solo aquel que conoce,
el pesar de una pérdida,
sabe de piedad por el otro.

Cuando la emoción te arrodille,
bajo la vastedad del cielo,
hay un Dios que te contempla,
y atesora tu vida,
entre sus manos.

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