Cásate conmigo

Pídemelo otra vez, por favor vuelve a decirlo, sueño con volver a escucharte decir: cásate conmigo.

Oh Dios, que distinta sería hoy mi respuesta.  Casémonos, si, seamos felices, te diría -.  De haber dejado aquella noche hablar al corazón y no a la calculadora razón, un simple sí habría cambiado nuestras vidas para siempre.

Cuando vuelvo atrás la vista al cabo de tantos años, tristemente me reconozco en esa mujer llena de temores que te decía no: pensemoslo con más calma, esperemos a estar más asentados, en fin, meros pretextos entonces para no confesarte mi miedo a perderte, a que te sintieras atado a mi.

¿Por qué esperar? ¿Esperar qué? – me decías tu -.

Esperar a que ambos estemos mejor de dinero, a que te asientes mejor en tu nuevo trabajo, buscar un piso con más calma, en fin, a estar mejor preparados para dar el paso.

Lo que entonces no sabía era que nunca se está preparado.  Imposible saber lo que nos traerá el mañana.

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